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El trato a las personas migrantes haitianas demuestra el fracaso de la comunidad internacional

El pasado 23 de septiembre acudimos a la llamada de Faith In Action para respaldar acciones a favor de la población haitiana detenida y deportada desde la frontera sur de Estados Unidos hacia Haití. A este espacio acudieron más de 250 personas, entre líderes religiosos, de base y políticos como la congresista Ayanna Pressley. Las demandas de este grupo, coinciden con las del pronunciamiento del SJM-Haití, GARR y la Red Fronteriza Jeannot Succès, que se sintetizan en:

  • Detener las deportaciones de las personas migrantes haitianas; al tiempo que se les proporcionen medios humanitarios para gestionar mejor esta crisis.

  • Respetar los derechos de las personas migrantes haitianas otorgándoles los mejores tratos.

  • Apoyar a las autoridades haitianas en sus esfuerzos por resolver los principales problemas estructurales que enfrenta el país. Enfrentar las causas raíz.

Estas demandas surgen a raíz de los últimos eventos que están ocurriendo en Del Rio (Texas) y las deportaciones exprés de más de 1.400 personas de nacionalidad haitiana, por decisión de la administración Biden-Harris. Desde el pasado 18 de septiembre, el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos trazó la estrategia para abordar el incremento de migrantes en Del Río (Texas) en donde se encontraban cerca de 10.000 personas. El primer paso fue incrementar el pie de fuerza y los siguientes deportarles a Haití, incluso se propuso coordinar traslados a otros países del continente donde residían previamente.


Pronto se vieron las imágenes de la implementación de la primera estrategia, agentes de la Patrulla Fronteriza persiguiendo a caballo y agrediendo a las personas migrantes. Las imágenes claramente violentas buscan intimidar a quienes migran, y son la materialización por la fuerza del “no vengan” pronunciado por la vicepresidenta Kamala Harris en su visita a Guatemala meses atrás. Es un mensaje directo y ejemplarizante para todos. México, por su parte, hizo lo mismo semanas atrás en la frontera sur -como lo documentó el Colectivo de Monitoreo del que hacen parte organizaciones de la RJM-, e incluso la mañana del 23 de septiembre inició una redada en el campamento que se encuentra al otro lado de Del Rio amenazando con la expulsión de todos aquellos que no cuenten con los documentos para estar en el país, y días antes había anunciado vuelos de deportación desde Saltillo.

Fuente: web

Es importante recordar que las condiciones históricas de la isla en términos sociales, políticos y económicos complejizan la atención e integración de ciudadanos que habían migrado años atrás fuera de Haití. Situación a la que se suma el reciente terremoto que devastó una parte al sur del país y los efectos del COVID-19. En pocas palabras, la migración haitiana es una migración forzada y en términos humanitarios debería requerir la asistencia y protección de la comunidad internacional, y bajo los estándares de derechos humanos, por sus características, debería acceder a solicitar protección internacional, derecho que le está siendo negado.


El gobierno de Biden-Harris insiste en darle continuidad al Título 42, una política que atenta contra la vida e integridad de los migrantes, como lo hemos dicho antes. A pesar que en campaña prometieron terminar con las políticas de Trump, en la práctica las mantienen a su acomodo y de acuerdo con el juego de intereses electorales. La actuación de las autoridades fronterizas, discriminatoria y racista, contradicen el rechazo de Washington a la violencia policial contra las comunidades negras (#HaitianLivesMattersToo). Así lo deja ver la renuncia del Enviado especial para Haití, Daniel Foote, recordando que más impactos negativos en Haití tienen consecuencias sobre Estados Unidos y sus vecinos.


Por último, vale la pena resaltar que esto es solo la punta del iceberg migratorio en la región y del que la comunidad internacional parece desentenderse. Muchas personas migrantes siguen saliendo del sur del continente y se encuentran varadas en fronteras como la colombo-panameña esperando a continuar su tránsito al norte del continente. Panamá registra 80.000 migrantes que han cruzado durante el 2021, mientras que en el lado colombiano aun se encuentran a la espera de continuar el viaje entre 14.000 y 18.000 personas.


A dos días de conmemorar la Jornada Mundial de las Migraciones recordamos el llamado del Papa Francisco de abrirnos “Hacia un NOSOTROS cada vez más grande” en el que la hospitalidad y la acogida a las personas migrantes sean el centro de las respuestas comunitarias y políticas.

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