La hospitalidad que cruza fronteras: la Red Jesuita con Migrantes de América Latina y el Caribe presente en la Asamblea de la RJM Estados Unidos y Canadá
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Dimensión Hospitalidad, 23 de febrero 2026
Durante la semana del 26 de enero de 2026, la ciudad de Miami fe el escenario de en un espacio privilegiado de encuentro, discernimiento y acción para las redes jesuitas que acompañan a personas en movilidad humana forzada en el continente americano.

En este marco, Natalia Salazar y Luis Fernando Gómez, integrantes del equipo animador de la Red Jesuita con Migrantes en América Latina y el Caribe participaron en la Asamblea de la Red Jesuita con Migrantes de Estados Unidos y Canadá, fortaleciendo los lazos de colaboración entre ambas regiones y reafirmando una visión continental de la hospitalidad con horizonte de reconciliación.
Su presencia respondió a la invitación fraterna de la Red Jesuita con Migrantes de Estados Unidos y Canadá, en un momento clave de articulación apostólica entre la Conferencia de Provinciales de la Compañía de Jesús en Latinoamérica y el Caribe (CPAL) y la Conferencia de Provinciales de Estados Unidos y Canadá (JCCU). Este encuentro permitió compartir aprendizajes, desafíos y esperanzas frente a la compleja realidad de la migración forzada en el continente, reafirmando que solo desde la colaboración, la escucha mutua y la acción conjunta es posible responder con profundidad evangélica a los clamores de las personas en movilidad humana.
Durante la Asamblea, Natalia y Luis Fernando facilitaron espacios de sensibilización centrados en la promoción de la Hospitalidad con Horizonte de Reconciliación, una de las apuestas estratégicas de la RJM LAC. Asimismo, presentaron el contexto migratorio latinoamericano y los principales retos identificados en la Asamblea Continental de la Red Jesuita con Migrantes 2025, realizada en Ciudad de Guatemala, aportando una lectura amplia, situada y profundamente humana de las dinámicas migratorias actuales. Este aporte permitió ampliar la mirada sobre los flujos migratorios, las causas estructurales de la migración forzada y la necesidad de articular respuestas continentales que integren el acompañamiento socio pastoral, la investigación y las incidencias social, pública y política.
Su participación incluyó también momentos de profunda espiritualidad y acción pública: la celebración de la eucaristía, la procesión y el servicio de oración frente a las cortes de migración en el centro de Miami, espacios en los que la música y la expresión cultural, ayudaron a crear un ambiente que reforzó el mensaje elegido para esta convocatoria: “no están solas, no están solos”. Estos gestos simbólicos se convirtieron en signos visibles de una Iglesia en salida, cercana al dolor, la dignidad y la resiliencia de las personas migrantes.
Durante la primera semana de febrero, se desarrolló un taller de formación con las personas voluntarias del GESU HOPE CENTER, obra jesuita dedicada al acompañamiento de comunidades migrantes en el sur de la Florida. Este espacio permitió fortalecer la identidad, la misión y el sentido del servicio voluntario, integrando el modelo de hospitalidad con horizonte de reconciliación como una herramienta práctica para el trabajo cotidiano. El taller fue también un momento de escucha profunda de las experiencias, desafíos y sueños de quienes, desde el voluntariado, sostienen día a día la atención directa a familias migrantes en situación de alta vulnerabilidad.
Cada uno de los espacios privilegiaron el diálogo cercano, la música y la espiritualidad, generando ambientes de confianza, consuelo y esperanza. En cada encuentro, se reafirmó la centralidad de la dignidad humana, la necesidad de construir redes de apoyo y la urgencia de promover procesos de integración, protección y reconciliación en contextos marcados por la incertidumbre, el miedo y la exclusión.
La participación de la RJM LAC en la Asamblea de Estados Unidos y Canadá, y el acompañamiento en los encuentros y actividades programadas en Miami, son un paso más en la construcción de una articulación continental sólida, donde la fe, la justicia social y la defensa de los derechos humanos se entrelazan para sostener procesos de incidencia, acompañamiento y transformación social.
Seguimos afirmando el compromiso compartido de caminar conjuntamente con las personas forzadas a migrar, como un solo cuerpo apostólico y con el convencimiento de que la esperanza se construye en red, desde la hospitalidad, la reconciliación y el amor eficaz.















































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