Un diálogo en Nueva York sobre la migración a nivel global que sigue alejada de la realidad | FEMI 2026
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20 de mayo de 2025
Por: Natalia Betancourt, Harrison Hanvey y Sarah Lockhart
Nueva York es una ciudad que muchas personas referencian por películas, canciones y fotografías, pero hoy queremos hablar de ella por el espacio de diálogo político que ocurre cada cuatro años en marco del Segundo Foro de Examen de la Migración Internacional (FEMI). Entre el 4 al 8 de mayo en la sede de Naciones Unidas se reunieron Estados, Sociedad Civil, Agencias de Naciones Unidas, Universidades, entre otras partes interesadas, para ver los progresos relacionados con el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular.

Desde la RJM hemos sido críticas sobre este pacto mundial pues se sostiene en la idea de que las personas que los derechos de las personas que migran serán garantizados si lo hacen de forma regular. Pero como hemos insistido en múltiples espacios, las personas que viven migración forzada tienen una realidad mucho más compleja que en la mayoría de los casos no permite que cumplan con los requisitos establecidos por los Estados para entrar de manera regular (pasaporte vigente, visa, antecedentes, entre otros). Además, seguimos insistiendo que ¡Migrar es un Derecho! que debe ser garantizado por los Estados.
Ahora bien, en el marco del evento vimos una sociedad civil que buscó articular diversos mensajes, entre ellos desde Latinoamérica y el Caribe se hizo el llamado la coherencia entre las palabras y las acciones de los Estados, llamando a la no regresión de los avances hechos, una participación efectiva de las personas migrantes, a la garantía de los derechos independiente del estatus migratorio y la promoción de una gobernanza migratoria basada en derechos. Se insistió en poner fin a la criminalización de la migración, la detención migratoria, la separación de familias, la irregularización de las personas, las deportaciones forzadas, entre otras, ya que, son las acciones que están primando sobre el cuidado de la vida y de los derechos humanos en nuestro continente.
Además, contribuimos al trabajo articulado entre organizaciones basadas en la fe católica en donde como RJM en las Américas en alianza con la Red Clamor, Fundación Scalabriniana, Franciscans International, VIVAT International, Caritas Internationalis y Caritas Latinoamericana llevamos a cabo el evento paralelo Caminando con las personas mensajeras de esperanza, las comunidades de fe responden ante la reconfiguración migratoria en las Américas. Allí reafirmamos que la gobernanza migratoria debe estar centrada en la dignidad humana y que los Estados no se deben desligar de sus obligaciones internacionales de garantizar los derechos a las personas migrantes.
De igual forma destacamos que la participación de actores académicos permite contrarrestar con algunos datos los avances hechos en materia de derechos humanos que parten de las obligaciones que tienen los Estados en materia de migración y que se conectan con el Pacto Mundial sobre la Migración. En ese sentido valoramos las propuestas que llaman a los países a no dar continuidad a las políticas que se promueven desde Estados Unidos, y más bien, continuar promoviendo marcos de protección como lo han hecho los últimos años.
En cuanto a los Estados queremos resaltar los llamados de países como Colombia, Brasil, Guatemala, Uruguay y España en donde llamaban a la promoción de un marco de derechos humanos, regularización flexible, una cooperación centrada en la dignidad humana y una aproximación de trabajo multiactor, pues se requiere la participación de sociedad civil, iglesias, academia, entre otros, así tener políticas que respondan a la realidad y que puedan llegar a más personas. A lo que México agregó la necesidad de la complementariedad entre el Pacto Mundial para la Migración y el Pacto Mundial sobre los Refugiados.
Y en contraste, notamos como uno de los objetivos del pacto que versa sobre cooperación, está siendo utilizado para acciones centradas en la externalización, la criminalización de las personas migrantes y de quienes les acompañan y en la militarización de la gobernanza migratoria, como señaló el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos de los Migrantes en una de las mesas de trabajo del FEMI.
A esta preocupación se suma que en el espacio vimos que Estados como Suecia, Finlandia, Países Bajos, Dinamarca, entre otros, se comprometieron a fortalecer los programas de Retornos voluntarios que lidera la OIM, que como se ha documentado por sociedad civil en este contexto decir voluntario esconde la realidad forzada que viven muchas personas en sus deportaciones forzadas, contra el principio de no devolución y el debido proceso1. A lo que se suma que el 15 de mayo, luego del FEMI, miembros del Consejo Europeo acordaron una declaración que aumenta el riesgo de deportaciones masivas desde cada país.
Escuchamos discursos como el de Canadá donde subraya la importancia de la migración segura, argumentando la importancia de la confianza pública en las personas migrantes para que ellas puedan contribuir a la sociedad. A pesar de que este país ha sido un referente en la región, hemos notado como en el último tiempo han modificado su legislación en cuanto al asilo y la migración de manera restrictiva y dejando a muchas personas en mayores situaciones de vulnerabilidad y riesgos de deportación.
Países como Panamá insisten en la seguridad como centro de toda política migratoria. Y Chile reafirma la soberanía del Estado para decidir su política migratoria, volviendo a poner obstáculos al establecer requisitos sobre documentación y solicitudes de forma digital desde el extranjero, sin hacer mención sobre sus obligaciones internacionales sobre los derechos humanos.
Nuestra participación como RJM en las Américas se relaciona con el trabajo conjunto que venimos haciendo dentro del Bloque Latinoamericano sobre Migración, así como, con el trabajo que hacemos en Articulación LAC con diversas organizaciones de sociedad civil de la región. Aun así, vemos que persisten retos para llegar a este espacio que limitan una participación plena de sociedad civil:
La necesidad de contar con una visa para poder entrar a un país como Estados Unidos.
El idioma, el evento principal en su mayoría fue en inglés donde la traducción solo podían acceder algunas personas en sillas específicas, y los eventos paralelos no contaban con una garantía de traducción, limitando los espacios de intercambio.
Los recursos para poder alojarse, comer y transportarse en una ciudad como Nueva York.
El ambiente de miedo y criminalización hacia la sociedad civil, siendo la conferencia en Estados Unidos, país donde han amenazado con retirar visas a los que no están de acuerdo con las políticas del gobierno actual.
Como RJM en las Américas buscaremos seguir incidiendo en estos espacios buscando llevar las historias de quienes migran, el trabajo de quienes están en terreno promoviendo acciones de hospitalidad para resistir ante la hostilidad de las políticas y sigue apostando por la cooperación internacional para acoger, proteger, promover e integrar a las personas que han sido forzadas a migrar. Mantenemos nuestro compromiso de trabajar con todos los actores relevantes para avanzar este propósito.
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